Cortinas antiestrés, en busca del silencio

En nuestro día a día existen dos tipos de ruidos que nos perjudican de forma diferente, uno lo podemos absorber de manera continuada acomodando nuestro oído a la fuente y el otro son ruidos de impacto aleatorios que nos llegan a sobresaltar. Pasar de un ambiente ruidoso a otro en total silencio provoca un efecto de vacío que puede causarnos malestar, de ahí que unas buenas cortinas antiestrés puedan amortiguar el ruido convenientemente.

Alejándose del estrés con cortinas acústicas

Pero hay que diferencias de sonidos y ruidos, porque muchas veces ocurre que nuestro estado de ánimo puede traducir un sonido neutro en un ruido molesto y estresante. Sin duda nuestro cerebro es una esponja que todo lo interpreta y que necesitamos filtrar como si fuesen cortinas antiestrés, valga la analogía. Sí, Si !, a veces o muchas veces no nos paramos a pensar en el modo en que procesamos la información y sin más dejamos que nuestro cuerpo reciba todo lo que percibimos a través de los sentidos sin control, más bien para mal que para bien.

Usar nuestros cinco sentidos para nuestro beneficio transformándolos en una sinestesia no es lo habitual, porque al estar acostumbrados al ruido cancelamos los mensajes que nos quiere enviar nuestro cuerpo, hasta que ya es demasiado tarde. Un acúfeno (ruido constante en el oído), un estado de nervios o un debilitamiento de nuestro sistema inmune acabaría por deteriorar nuestra calidad de vida gravemente. Entonces, ¿por qué seguimos buscando el ruido?, ¿por qué no intentamos buscar el silencio?.

Realmente la mayoría de las personas confunden vivir el momento con felicidad, porque no saben conectar con la experiencia que están viviendo sin utilizar sabiamente sus cinco sentidos en aquello que están haciendo. ¿Por qué la gente huye del silencio?, ¿acaso tienen miedo de escuchar esa voz interior que intenta decirle que tiene que revisar algunas áreas de su vida?, ¿qué diálogo tienes contigo mismo?, ¿te estás ignorando a ti mismo?, ¿qué quieres callar?.

Sinceramente os digo que muy pocas personas llegan a una madurez plena y auténtica, ya que se engañan a sí mismas en un mundo lleno de ruidos y de infamias que solo bonifican a aquellos individuos que muestran lo superficial y la inmediatez de respuestas banales.

Realmente no entiendo como la gente no busca el silencio, pues nos aporta libertad, cultiva nuestra paciencia y nos aleja del tremebundo mundanal ruidoso que nos amenaza y nos tiene en continua alerta. Es precisamente eso lo que deberíamos cambiar, dejar de estar tanto en alerta y tener una vida más profunda, placentera, visionaria y más relajante que nos ayude a pensar y analizar las cosas con mayor eficiencia.

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Pueblos donde reina el silencio

El sonido del mar, el que sentimos cuando caminamos por un valle o la brisa en un huerto mientras cultivamos con amor y paciencia no tiene parangón con el ruido y el bullicio de la gran ciudad. Poder disfrutar de este tipo de entornos nos proporciona calidad de pensamiento, porque nuestro cerebro está más centrado al no tener que atrincherarse contra el continuo ruido.